enseñar inglés a niños

Cuanto antes se empiece a aprender y practicar un idioma, mejor. Los niños son como esponjas, puede parecer una obviedad pero tiene su fundamento científico: algunos investigadores sostienen que los niños expuestos desde muy temprana edad a dos idiomas, se desarrollan como si tuvieran dividido su cerebro en dos partes monolingües.

Expertos en la materia no dudan en coincidir que lo más eficaz es el aprendizaje precoz, es decir, que desde que nace se le hable al bebé en ambos idiomas, en inglés y en español. El primer paso es que escuche y se familiarice con la lengua, y a partir de ahí, mediante una enseñanza natural, empezará a hablarlo, para terminar dominando también su lectura y escritura.

Todo esto tiene resultados positivos tanto a nivel personal como a nivel intelectual, ya que, al tener dos lenguas equilibradas, los niños bilingües desarrollan mejor y más rápidamente su pensamiento, su capacidad de razonar y la resolución de problemas respeto de niños que sólo aprenden su lengua materna.

Las ventajas de un niño bilingüe en contraposición a aquel que no lo es son muchísimas.

  • En el plano cultural, por ejemplo, facilita el enriquecimiento educacional, la percepción espacial y la sensibilidad comunicativa, ya que el niño tiene acceso directo a dos culturas diferentes, es decir a dos puntos de vista, a dos formas de ver las cosas, en definitiva, a comprender la diversidad y ser más tolerante.
  • Del lado del conocimiento, el niño será más flexible, receptivo y creativo, evolucionando con una mente más abierta a los demás y hacia todo su entorno.
  • A nivel comunicacional aumentará su éxito de cara a relacionarse con personas de otros países, y de cara al acceso a mayores fuentes de información, dado que la capacidad para procesar rápido la información deriva en un perfil multitarea. Así, la posibilidad de hablar inglés eficazmente en contextos de habla nativa es algo en lo que un niño bilingüe siempre irá por delante respecto a un niño monolingüe.
  • Se da también un avance cognitivo mayor a la edad biológica del niño o la niña, lo cual los predispone, prepara y hace que se encaren y se adapten mucho mejor a la vida real en un mundo cada vez más globalizado.
  • Consecuentemente, en un planeta cada vez más interconectado, las oportunidades laborales serán mayores y mejores para un niño que haya sido educado en una inmersión lingüística “dual”.
  • Además de aumentar el nivel de atención de los más pequeños, en el terreno intelectual, el bilingüismo aumenta la capacidad de análisis y refuerza la memoria a largo plazo, es un entrenamiento mental constante.

Aprender jugando es la mejor baza para que un niño adopte una segunda lengua de manera sencilla, ya que divirtiéndose es como mejor absorben e interiorizan nuevos conocimientos. Así, los niños acabarán entendiendo películas, dibujos animados, canciones… sin aburrirse (y sin apenas darse cuenta) fomentarán su comprensión del inglés y su desarrollo educacional.

La motivación y la constancia serán fundamentales en el aprendizaje, un proceso que debe ser continuo, pero nunca forzado.

¿Cuál es la mejor edad para aprender inglés?

Los investigadores no se ponen de acuerdo en este aspecto. Aunque en sentido estricto no haya una edad mínima para “ponerse” con el inglés, se sabe que el niño, a partir de los 3 meses de edad, posee un circuito neuronal enfocado por completo a la comprensión lingüística, lo que habilita y estimula al bebé a interiorizar los mecanismos primarios de su lengua materna.

Aprender una lengua necesita de la interacción de diferentes procesos cognitivos (sistema fonético, vocabulario, gramática, memorias explícita y procedimental). En este sentido, algunos investigadores recomiendan no demorar el aprendizaje y la práctica del inglés más allá de los 4 años.

Visto que, desde un plano ideal, lo mejor es que el niño desde que nace esté expuesto en todo momento a la interacción y la oralidad de sus padres, hablándole e interaccionando con él en inglés, bien es cierto que, como apuntan algunos estudiosos, una buena etapa es a partir de los 3 años. Desde esta edad el niño, al introducir el segundo idioma, lleva a cabo un progreso bilingüe secuencial.

Cuanto antes se les enseñe inglés antes lo asimilarán. Bien, pero según muchos científicos, la edad clave para aprender inglés de cara al bilingüismo, o al menos a un dominio competencial sólido, gira en torno a los 7-8 años. Un tramo de edad ideal en el cual podemos enviar a nuestros hijos al extranjero a que aprendan inglés.

En Lenfex disponemos de una gran variedad de posibilidades en este sentido. Viajar a un país angloparlante para llevar a cabo una inmersión lingüística es una opción perfecta. De cara a la tranquilidad de los padres, existen programas con familias nativas para que el niño ser sienta como en casa.

Exámenes oficiales de inglés para niños

Hay entidades y organismos que ofrecen la posibilidad de realizar exámenes oficiales en educación primaria (franja de 7 a 12 años). Estos consisten en evaluar a los niños mediante cuatro pilares básicos: expresión oral, comprensión auditiva, escritura y lectura, pero siempre teniendo en cuenta el perfil y edad del examinado.

El objetivo principal de estas pruebas es espolear un aprendizaje eficaz, animando al pequeño a seguir estudiando inglés, es decir, a no dejar de fomentar el ciclo motivacional del que será un futuro adulto.

Todas las organizaciones y centros educativos dedicados a la enseñanza de inglés para niños coinciden en los beneficios de tales exámenes. De nuevo de cara al mañana, al desarrollo personal y profesional de los futuros adultos, se pueden destacar diferentes puntos:

  • Superar una prueba de idiomas desemboca en autoconfianza, una sensación ideal para afrontar y conseguir nuevas metas.
  • Calificaciones independientes. Al provenir directamente de instituciones oficiales de Londres o Cambridge, la evaluación de los niños se torna en algo imparcial, ajustado a la realidad, para conocer el nivel efectivo del dominio del idioma. Tienen el mismo respaldo que los exámenes para adultos, lo cual subraya más aún el prestigio y solvencia de la obtención de estos títulos.
  • Adaptabilidad. Son tests especialmente diseñados para niños, amenos y dinámicos, lo que también favorece enormemente la confianza en sí mismos.
  • Continuidad. Cuando llegue el momento de afrontar pruebas más difíciles, de cara a alcanzar mayores niveles de destreza, como por ejemplo el C1, los niños ya tendrán gran parte del camino recorrido, fruto de que ya han arraigado la costumbre de ser evaluados mediante pruebas oficiales.
  • La recompensa del trabajo bien hecho. El reconocimiento de su interés y dedicación a través de un título, es garantía de que los niños sentirán que han hecho algo importante y que, por tanto, son premiados justamente.

Y tú, ¿quieres que tu hijo sea bilingüe? Infórmate en Lenfex